Foros Vecinales de Seguridad del Partido de Tigre, Pcia. de Buenos Aires
(Según Ley 12.154 del Sistema de Seguridad Pública de la Provincia de Buenos Aires)
El Talar | Ciudad de Tigre | Gral Pacheco | Don Torcuato | Benavidez | Alte. Brown | Ricardo Rojas


sábado, 9 de enero de 2010

Amplio consenso contra la mano dura

Políticos del oficialismo y la oposición, organizaciones sociales y de derechos humanos, gremios y personalidades académicas presentan hoy las bases para una política de seguridad que brinde soluciones inmediatas y perdurables, pero evite el “facilismo represivo”.


Los más diversos sectores políticos, de la Justicia, gremiales, académicos y organizaciones de derechos humanos presentarán hoy, a las 12, en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional, un Acuerdo para la Seguridad Democrática (ASD). El texto pone el acento en que las políticas de seguridad y el control policial deben estar en manos de civiles, impulsa la descentralización creando policías comunales, fomenta la existencia de una policía judicial, que trabaje en la instrucción de las causas, y rechaza el discurso de la mano dura “que sólo ha constituido un impedimento para la profesionalización de las policías y ha potenciado la acción de redes de ilegalidad en las que intervienen funcionarios públicos”. El Acuerdo para una Seguridad Democrática tiene las firmas –entre muchas otras– de integrantes del Frente para la Victoria, como Agustín Rossi; del peronismo disidente, como Felipe Solá; de dirigentes de la UCR como Gerardo Morales, Ricardo Alfonsín y Ricardo Gil Lavedra, la diputada de la Coalición Cívica Marcela Rodríguez, referentes de otras fuerzas políticas como Margarita Stolbizer, Fernando “Pino” Solanas y Martín Sabbatella, el juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni; el titular de la CGT, Hugo Moyano, y el de la CTA, Hugo Yasky; académicos como Marcelo Saín y Alberto Binder y prácticamente todas las organizaciones de derechos humanos. La iniciativa surgió de León Arslanian y el Centro de Estudios Legales y Sociales, quienes estarán a la cabeza de la presentación de hoy. Anoche todavía se sumaban más adhesiones que se darán a conocer al mediodía.

El Acuerdo apareció a raíz de la inquietud que surgió en distintos sectores por la aparición de propuestas de darle mayores atribuciones y poder a la Bonaerense y a policías de otras provincias del país. “Queríamos aunar a las fuerzas democráticas para que se tomen caminos democráticos en materia de seguridad y diferenciarnos claramente de los discursos de mano dura que no hacen más que reeditar políticas desacertadas y fracasadas”, le explicó Arslanian a Página/12. El ex ministro de Seguridad contó que junto con el CELS empezaron a contactar a los partidos políticos, a las fuerzas sindicales, a integrantes de la Justicia y a una parte importante del mundo académico para diseñar el texto. Después de su presentación en el Salón de los Pasos Perdidos, el acuerdo “se hará llegar a los poderes públicos”.

Tal como sucede en otras latitudes, ante hechos de sangre impactantes, se produce una enorme ebullición y surgen las voces que piden que a los uniformados se les devuelva el poder, que no haya tanto control ni de los civiles ni de la Justicia. “Que puedan detener sin límites, que se aumenten las penas y se encarcele a los menores, casi sin distinción de edad”, parece la consigna.

Frente a esas posturas, los puntos centrales del texto son los siguientes.

* Las respuestas al delito han sido facilistas y autoritarias, consolidando la ineficacia policial, judicial y penitenciaria.

* Las políticas de mano dura constituyeron “una sucesión de intervenciones erradas que impidieron la profesionalización de los policías y potenciaron la acción de redes de ilegalidad en las que intervinieron funcionarios públicos”.

* Una adecuada política criminal requiere de una policía eficaz en la prevención, de alta profesionalidad y debidamente remunerada, una Justicia penal que investigue y juzgue en tiempo oportuno y un sistema penitenciario que asegure condiciones dignas de encarcelamiento.

* Se requieren estrategias que articulen las políticas de seguridad así como la garantía de condiciones de vida dignas para toda la población.

* Las políticas democráticas de seguridad deben surgir de diagnósticos basados en información veraz y accesible al público.

* Se impulsa la descentralización de la organización policial a nivel distrital y comunal.

* Un control interno de las policías de carácter civil y control externo del desempeño y la legalidad.

* Formación y capacitación policial no militarizado.

* Las medidas meramente represivas con las que se insiste en cada crisis apuntan a perseguir pequeños delitos y a autores jóvenes. Lo que señala el acuerdo es que gran parte de esos delitos comunes están asociados a poderosas redes delictivas. Uno de los ejemplos cantados es el de los desarmaderos.

* Una policía judicial, dependiente de los fiscales, traerá transparencia en las investigaciones.

* Se debe garantizar la regulación del accionar policial en los operativos, espectáculos deportivos, recitales y manifestaciones. Se debe asegurar un uso de la fuerza proporcional, racional y erradicar las prácticas policiales contrarias a esos criterios.

En la parte final del documento se resume lo que tal vez es la estrategia más importante: “conseguir un acuerdo político y social amplio que permita avanzar en el diseño e implementación de políticas de corto, mediano y largo plazo, orientadas a encontrar soluciones inmediatas y perdurables a las demandas sociales en materia de seguridad”. La firma del acuerdo por parte de dirigentes del oficialismo y la oposición, de referentes de la Justicia, el gremialismo y los derechos humanos podría ser la base para esa búsqueda de consensos que formula el texto. Aunque los propios organizadores saben que “habrá un debate muy fuerte y la derecha insistirá en sus políticas”.

miércoles, 6 de enero de 2010

¿Se viene el “derechaje”?

Duhalde, Cobos y Menem piden un nuevo papel para el Ejército

La participación de las fuerzas armadas en las tareas de seguridad interior está vedada por ley, pero los ex Presidentes Carlos Menem y Eduardo Duhalde quieren que intervengan. Chiche Duhalde y Julio Cobos quieren usar los cuarteles. Los ex presidentes Carlos Menem y Eduardo Duhalde quieren declarar la emergencia en seguridad para poder redefinir el papel de las fuerzas armadas en la lucha contra el delito. Asimismo, el vicepresidente Julio Cobos quiere utilizar los cuarteles para hacer allí un servicio cívico voluntario, idea que respalda la senadora Hilda “Chiche” Duhalde. “Lo primero que hay que hacer es decretar una ley de seguridad para echar mano al ejército”, agregó Eduardo Duhalde en consonancia con Menem, quien había recalcado: “Las fuerzas armadas deben salir a las calles y saturar las zonas más conflictivas. Hay que cambiar en forma urgente las leyes para haya seguridad para todos los argentinos”.

Al respecto, el líder del Movimiento Productivo Argentino declaró: “México y Brasil han utilizado su ejército. En nuestro caso no podemos hacerlo, porque está prohibido por la Ley de Defensa Nacional. Pero sí podemos utilizar toda la infraestructura de las fuerzas armadas. Podemos y debemos utilizarla. Están muy equivocados los que creen que tocamos fondo: vamos a estar cada vez peor”, sentenció el dirigente bonaerense.

“Lo primero que hay que hacer es decretar una ley de seguridad para echar mano al ejército”, agregó Eduardo Duhalde en consonancia con Menem, quien había recalcado: “Las fuerzas armadas deben salir a las calles y saturar las zonas más conflictivas. Hay que cambiar en forma urgente las leyes para haya seguridad para todos los argentinos”.

La diferencia entre Menem y Duhalde es que mientras que el bonaerense habla de que presten su “infraestructura”, el riojano sostiene que deben intervenir directamente.

No obstante, a comienzos del gobierno de Néstor Kirchner luego de denunciar que las FARC colombianas habían “perforado algunas organizaciones gremiales y políticas de la Argentina”, Duhalde destacó la labor de las fuerzas armadas en los operativos de las favelas de Río de Janeiro y estimó que en la Argentina podría haber una “participación de apoyo”.


Al respecto, el entonces ministro de Defensa José Pampuro le respondió: “El gobierno nacional ha expresado con claridad y en forma taxativa nuestra negativa a que las fuerzas militares participen en seguridad en el país”.

Del mismo modo, Cobos implementó en Mendoza un servicio cívico voluntario, un sistema de becas para aprender oficios en dependencias militares como la VIII Brigada de Montaña y, en algunos casos, con uniformados como profesores.

“Podríamos impulsar un año de capacitación para los chicos que terminan el secundario”
, aseguró Chiche Duhalde, quien agregó: “No me gusta hablar de servicio militar, porque eso tiene un resabio amargo por lo que pasó”.

Por otra parte, la senadora bonaerense también entiende que en las instalaciones “ociosas” de las fuerzas armadas se puede albergar a personas mayores o menores acusados de delitos.

lunes, 4 de enero de 2010

Diez puntos de acuerdo por la seguridad democrática

El acuerdo considera un engaño al discurso de la mano dura, analiza la responsabilidad del Estado y la gestión democrática de las instituciones de seguridad.

Las respuestas estatales autoritarias e ineficientes frente al delito y la fuerte dosis de exclusión y violencia que domina el debate público y orienta muchas de las acciones del Estado en la materia, exigen una discusión abierta y pluralista, capaz de alcanzar acuerdos básicos sobre políticas democráticas de seguridad que atiendan las legítimas demandas de la sociedad.

Esta situación exige instituciones de seguridad comprometidas con valores democráticos y el rechazo a políticas demagógicas e improvisadas, dirigidas a generar expectativas sociales en la eficacia de medidas abusivas que sólo agravan el problema y reproducen la violencia.

1. El Estado frente al problema del delito
En nuestro país, la acción del Estado frente al incremento de la violencia y el delito se ha limitado mayormente a respuestas facilistas y autoritarias que consolidaron la ineficacia policial, judicial y penitenciaria.
En los últimos años, algunos procesos de reforma de las instituciones de seguridad tuvieron resultados favorables, pero fueron interrumpidos para volver a políticas de probado fracaso.

2. El engaño de la mano dura

Las políticas de mano dura no han reducido el delito, han aumentado la violencia y, en algunos casos, hasta han amenazado la gobernabilidad democrática.
La delegación de la seguridad en las policías, el incremento de las penas, el debilitamiento de las garantías y las políticas centradas en el encarcelamiento masivo basado en la prisión preventiva son los ejes recurrentes de estas políticas de mano dura.
Los reiterados fracasos de estas políticas han sido utilizados para insistir con las mismas recetas, en una espiral irresponsable que nunca rindió cuenta de sus resultados.

Esta sucesión de intervenciones erradas ha constituido un impedimento para la profesionalización de las policías y ha potenciado la acción de redes de ilegalidad en las que intervienen funcionarios públicos.

3. Responsabilidad del Estado
El Estado tiene la responsabilidad de asegurar a la población el libre ejercicio y goce de sus derechos. La construcción de una ciudadanía respetuosa de la ley es el camino indicado, pero si la ley resulta quebrantada, el Estado debe proveer los medios necesarios para individualizar a los responsables y sancionarlos cuando corresponda.
Una adecuada política criminal y de seguridad requiere: una policía eficaz en la prevención, de alta profesionalidad y debidamente remunerada; una justicia penal que investigue y juzgue en tiempo oportuno a quienes infringen la ley, garantice la plena observancia de las reglas del debido proceso y de la defensa en juicio, y un sistema penitenciario que asegure condiciones dignas de encarcelamiento y de ejecución de la pena con sentido resocializador.

4. Una concepción integral de la seguridad
La manera eficaz de avanzar sobre el problema implica operar sobre las causas del delito y las redes de criminalidad con miras a reducir la violencia en todas sus formas. Una concepción integral de la seguridad implica tanto la prevención de la violencia física como la garantía de condiciones de vida dignas para toda la población. Esto requiere estrategias de abordaje integral que articulen las políticas de seguridad con otras políticas públicas, y complementen las acciones del sistema penal con intervenciones de todas las áreas del Estado. Estos recursos estatales deben estar distribuidos de manera igualitaria, y generar una mayor protección para los sectores excluidos, de modo de no profundizar la desigualdad.
Para avanzar en un abordaje integral y efectivo del problema de la seguridad, el diseño e implementación de políticas democráticas debe surgir de diagnósticos basados en información veraz y accesible al público. La producción de esa información es también una responsabilidad indelegable del Estado.

5. Gestión democrática de las instituciones de seguridad

Todo gobierno tiene la responsabilidad de ejercer la conducción civil y estratégica de las policías, que supone el pleno control de la institución. La prevención y sanción del delito, de modo eficiente y legal, requiere un sistema policial estrictamente subordinado a las directivas de seguridad pública formuladas por las autoridades gubernamentales. La historia reciente demuestra que la delegación de esta responsabilidad permitió la conformación de “estados mayores policiales”, autónomos, que han organizado vastas redes de corrupción, llegando a amenazar incluso la gobernabilidad democrática.
Los lineamientos básicos para una modernización y gestión democrática de las instituciones de seguridad son: la integración de las labores policiales de seguridad preventiva e investigación del delito; la descentralización institucional de la organización policial a nivel distrital y comunal; la integración de la policía con la comunidad y los gobiernos locales en la prevención social de violencia y delito; el control interno de carácter civil y control externo del desempeño y de la legalidad; el sistema de formación y capacitación policial no militarizado y anclado en valores democráticos; el régimen profesional basado en el escalafón único y las especialidades policiales.

6. Desactivar las redes del delito para reducir la violencia
Las medidas meramente represivas con las que se insiste ante cada crisis de inseguridad apuntan a perseguir los pequeños delitos y a los autores más jóvenes, bajo la falsa creencia de que así se limita el avance de la criminalidad.
La realidad indica que un gran porcentaje de los delitos comunes está asociado a la acción de poderosas redes delictivas, y a un importante mercado ilegal de armas que aumenta los riesgos para la vida y la integridad de las personas.
Por lo tanto, reducir la violencia que alarma a nuestra sociedad exige reorientar los recursos de prevención y de investigación penal hacia la desactivación de estas redes de delito y de los mercados ilegales. El Ministerio Público Fiscal, en coordinación con las autoridades de gobierno, tiene un rol fundamental en estas tareas.
Una policía judicial, dependiente del Ministerio Público Fiscal, traerá transparencia en la investigación penal preparatoria.

7. Gestión policial no violenta en el ámbito público
La gestión democrática de la seguridad debe garantizar la regulación del accionar policial en los operativos en el espacio público, tales como espectáculos deportivos, recitales, manifestaciones de protesta social y desalojo de personas. Para ello es fundamental establecer con rango normativo estándares de actuación en el espacio público, de modo de asegurar un uso de la fuerza proporcional, racional y subsidiario y erradicar las prácticas policiales contrarias a esos criterios.

8. El papel de la justicia
El Poder Judicial y el Ministerio Público tienen una doble responsabilidad fundamental en el impulso de políticas de seguridad democráticas, en la investigación rápida y eficaz de los delitos, y el control sobre el uso de la prisión preventiva, las condiciones de detención, y la violencia institucional.

9. Cumplimiento de las penas en un Estado de Derecho

En nuestro país hay cerca de sesenta mil personas privadas de libertad. Las condiciones inhumanas de detención, los índices sostenidos de sobrepoblación en cárceles, comisarías e institutos de menores, la ausencia de reinserción social, las prácticas sistemáticas de violencia, tortura y una enorme mayoría de presos sin condena son los rasgos más evidentes de los lugares de detención.
Una política democrática de seguridad tiene que ocuparse por que el cumplimiento de la prisión preventiva y de la pena se dé en condiciones dignas y aptas para la readaptación de la persona condenada, y no contribuya como hasta ahora a la reproducción y agravamiento de los problemas críticos de violencia, injusticia y delito que se propone resolver.

10. Un nuevo acuerdo para la seguridad en democracia
Para cumplir con la obligación del Estado de dar seguridad a los ciudadanos en el marco de estos principios democráticos, es imprescindible alcanzar un acuerdo político y social amplio que permita avanzar en el diseño e implementación de políticas de corto, mediano y largo plazo, orientadas a encontrar soluciones inmediatas y perdurables a las demandas sociales en materia de seguridad.

Firmas que aportan al consenso
El abanico político que sostiene el acuerdo es amplio, más de 200 firmas iniciales. Entre los legisladores nacionales figuran Agustín Rossi, Remo Carlotto, Héctor Recalde, Adela Segarra y Adriana Puiggrós, (FPV); Ricardo Gil Lavedra y Ricardo Alfonsín (UCR); Fernando Solanas y Claudio Lozano (Proyecto Sur); Victoria Donda y Cecilia Merchan (Libres del Sur); Martín Sabbatella, Carlos Heller y Vilma Ibarra (NEPyS); Mónica Fein, Jorge Rivas y Ariel Basteiro (PS); Marcela Rodríguez, Griselda Baldata, Elisa Carca y Horacio Piemonte (CC); Margarita Stolbizer (GEN); Felipe Solá (PF) Giustiniani, Rubén (Sen. PS); Solá, Felipe (Dip. Peronismo Federal); y Rubén Giustiniani (Sen. PS). Entre los legisladores de las diferentes provincias aparecen Sandra Cruz y Fernando Navarro (Dip. PBA-FPV); Luis Malagamba y Jaime Linares (dip. PBA-GEN); Marcelo Brignoni, y José Tessa (dip. Sta. Fe-EDE); Carlos Martínez, Carlos Morello y Paula Sánchez (dip. de Libres del Sur por Chaco, Salta y Neuquén, respectivamente); Gabriela Cerruti y Gonzalo Ruanova (Leg. porteños Nuevo Encuentro); Eduardo Epszteyn, Aníbal Ibarra y María Elena Naddeo (Leg. porteños Diálogo por Bs. As.). Por otro lado, Hermes Binner (Santa Fe) y Jorge Capitanich (Chaco) ya habían sumado sus firmas entre los gobernadores; y Daniel Salvador, como presidente de la UCR bonaerense. Entre las organizaciones sindicales, los titulares de la CGT, Hugo Moyano, y de la CTA, Hugo Yasky, además de Víctor De Gennaro y Víctor Mendivil, por la CTA y la Comisión por la Memoria. También firmaron como referentes sociales, religiosos y de la cultura, Luis D’Elía (Mov. Tierra y Vivienda); Edgardo Depetri (Frente Transversal); Emilio Pérsico (Movimiento Evita); Humberto Tumini y Jorge Cevallos (Libres del Sur); Roberto Baigorria (Coord. Nac. Barrios de Pie); Eduardo De la Serna (Curas en opción por los pobres); además, por la Comisión Provincial por la Memoria firman Miguel Hesayne (obispo emérito); Daniel Goldman (Rabino); Martha Pelloni; Aldo Etchegoyen (obispo metodista-Comisión por la Memoria y APDH). También Néstor Borri (Nueva Tierra); Néstor Picone, Mary Sánchez; Laura Berardo (Libres del Sur). En el ámbito de la Cultura, León Gieco; Ricardo Foster y Horacio González (Carta Abierta); Mempo Giardinelli y Tito Cossa (Comisión por la Memoria). Por la Comisión por la Memoria también Hugo Cañón, Adolfo Pérez Esquivel (también del Serpaj); Laura Conte (por las Madres, CELS, CPM); Alejandro Mosquera, Elizabeth Rivas, Mauricio Tenembaun, Luis Lima, Carlos Sánchez Viamonte, María Verónica Piccone, Emilce Moler, Susana Méndez, Fortunato Mallimacci y Leopoldo Schiffrin (Comisión por la Memoria). Entre los organismos de Derechos Humanos, el Centro de Estudios Legales y Sociales, en conjunto; Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora; Abuelas de Plaza de Mayo; la APDH; Hijos; el Serpaj y la Fundación Memoria Histórica y Social. También dieron su apoyo Raquel Wittis y los Familiares de Luciano Arruga con la APDH de La Matanza. Y especialistas como el ex camarista federal y ex ministro de Justicia y Seguridad bonaerense León Arslanian; el ministro de la Corte Suprema y docente de Derecho de la UBA, Raúl Zaffaroni; Marcelo Saín (ex secretario de Seguridad bonaerense y ex titular de la PSA); Enrique Font (Derecho, Univ. Nac. Rosario); Alberto Binder, Martha Arriola, Gabriel Kessler, Luis Tibiletti, Gustavo Palmieri (CELS), Luis Lugones, Ana Clement (directora de la Licenciatura en Seg. Ciud.); Juan Tokatlian (UTDT); Sofía Tiscornia (UBA); Mario Coriolano (Prof. Derecho Unlap, representante argentino en el Comité Contra la Tortura ONU); Pablo Alabarces (UBA e investigador Conicet); Máximo Sozzo, (Univ. del Litoral); Gabriel Bombini (Univ. Nac. de Mar del Plata); Martín Appiolaza (Univ. Nac. de Mendoza); Jorge Perano (Univ. Nac. de Córdoba); Gabriel Ganón (Univ. Nac. de Rosario). Hugo Trinchero (Decano Filosofía, UBA); Mónica Pinto (Coordinadora del Programa DDHH, UBA); Damián Loretti (vicedecano Fac. de Sociales, UBA); Víctor Abramovich (Cels y Centro de DDHH-Univ. de Lanús, PBA); Gustavo E. Lugones (rector de la Univ. Nac. de Quilmes); Enrique Font (Cátedra de Criminología y Política Criminal, Fac. de Derecho, UN Rosario); Daniel Erbetta (Dep. de Derecho Penal y Criminología, Fac. de Derecho UN Rosario); Eduardo Basualdo y Daniel Azpiazu (Flacso); Jorge Perano (Fac. de Derecho Univ. Nac. de Córdoba); Carlos Acuña (Director de la Maestría en Políticas Públicas de la Udesa) y Carolina Smulovitz (directora del Dto. de Ciencias Políticas y Estudios Internacionales de UTDT). Se agregan otras firmas de representantes e instituciones de diferentes ámbitos que aún estaban en proceso de confirmación.

martes, 8 de diciembre de 2009

¿Cuáles son las claves para vencer al delito?

Un ex fiscal, un ministro y un antropólogo coincidieron en que educación, desarrollo social y consenso político son fundamentales
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LA NACION | Martes 8 de Diciembre de 2009 | Publicado en edición impresa


La inseguridad tiene solución. La Argentina puede lograr reducir sus altos índices delictivos y terminar con la violencia criminal en las calles.

Para abordar y resolver el problema se necesitan, primero, decisión política y, luego, consenso entre las fuerzas políticas y los diferentes poderes del Estado para elaborar una estrategia de largo plazo que sea instrumentada con un horizonte de continuidad, más allá de los recambios de funcionarios y de gobiernos. Un plan que debería asentarse en la educación y contención de los sectores más vulnerables y en la urbanización de áreas marginales para evitar que la juventud transgreda las leyes.

En esas ideas centrales coincidieron tres especialistas en materia de seguridad que, convocados por LA NACION, debatieron propuestas para combatir con eficacia el delito.

Durante casi dos horas, Norberto Quantín, ex fiscal y ex secretario de Seguridad Interior de la Nación; Guillermo Montenegro, ex juez federal y actual ministro de Justicia y Seguridad porteño, y Alejandro Isla, antropólogo investigador del Conicet y director de Antropología Política y Violencia en Flacso, intercambiaron ideas sobre las formas eficaces para mejorar la seguridad interna del país. El ministro de Seguridad de Buenos Aires, Carlos Stornelli, fue invitado a debatir, pero decidió no participar.

No todo fue consenso: no hubo acuerdo sobre la baja de imputabilidad penal para los menores, que sí apoyarían Quantín y Montenegro si es que profesionales idóneos establecen cuál es el grado de conciencia que, de sus actos, tiene la población infanto-juvenil que podría quedar dentro del nuevo límite de punibilidad. Aunque con matices, los tres juzgaron de ineficaces las políticas de mano dura para repeler el crimen.

-¿Tiene solución el problema de la inseguridad?

Norberto Quantín: -No tiene una solución total, como no la tiene la enfermedad. Se puede tener mejor salud y mejor seguridad. Para ello debemos contar con estadísticas e índices delictivos confiables. El diagnóstico actual es malo: la inseguridad crece, el delito se vuelve más violento y hay más bandas. El desamparo y la exclusión se extienden. Hoy la escuela no existe y se ha perdido la autoridad. Vamos perdiendo civilidad y nadie hace nada para rescatar lo que se nos va. Les estamos quitando a los chicos salud, cultura y futuro.

Alejandro Isla: -La inseguridad es una cuestión política. El punto inicial para resolver la cuestión es poner el delito a la altura de lo que es: un problema de Estado. Y separarlo de cuestiones partidarias y provinciales. Armar sobre la base de consensos políticas específicas de largo aliento con relación a la violencia delictiva y la inseguridad. Y llegar a un acuerdo general entre la Justicia, el Congreso y el Poder Ejecutivo. Ese es un paso fundamental. Las marchas y contramarchas con los cambios de funcionarios hacen mal. Es primordial la estabilidad para llevar adelante una política integral de seguridad y poder revertir situaciones graves como la actual.

Guillermo Montenegro: -Es un tema muy complejo. El antibiótico contra la inseguridad son las políticas públicas a largo plazo. Antes se cambiaban las políticas públicas cuando cambiaba un gobierno; ahora cambian cuando se va un subsecretario. Así no hay posibilidad de éxito. No importa el color político si a partir del diagnóstico no fijamos cuatro o cinco metas claras entre todos para avanzar.

-¿Cómo cree que debería combatirse la inseguridad?

La inseguridad se expande con la iniquidad y la desigualdad. Lo más complicado es la desatención del Estado para con su población. Esto tiene que ver con la salud, la cultura, la educación. Hay que dejar de discutir política para discutir políticas. La seguridad no se logra corriendo al delincuente de lugar. ¿Cuáles son las cuatro fuerzas políticas que pueden llegar a tener un desarrollo en el tiempo? Ellas tienen que elegir dirigentes propios que sean sus referentes en educación, salud y seguridad y decir: "Durante 20 años los vamos a mantener allí". Hoy fracasan todas las políticas por falta de continuidad. Y empeora aún más al no haber diálogo y articulación entre la Nación, la ciudad y la provincia. La sensación es que todo el mundo está emparchando.

NQ: -Si las políticas públicas de consenso y las de Estado fallan, la política penal no sirve para nada. Lo importante es la educación, la familia, y un nivel de vida decente. Cada vez tenemos menos de todo esto. La situación es grave. El ladrón no roba sólo porque no tiene: generalmente, resiente la desigualdad. Cuando ve que el otro tiene todo y él no tiene nada se pone más violento y peligroso. Desarmando todas esas injusticias el cuadro puede cambiar.

-¿Por qué no hubo un diagnóstico certero sobre la inseguridad?

NQ : -Se hicieron demasiados diagnósticos...

GM : -Hoy no se sabe cuántos delitos con armas se producen, pero las causas están, las sabemos todos: faltan cinco colegios, dos centros de salud? Se sabe cuánta gente vive en una determinada villa y qué es lo que falta para que el Estado se haga presente ahí. Hay que decir: "¿Qué vamos a hacer? ¿Vamos a dejar que los chicos se sigan muriendo al costado del Riachuelo? ¿Vamos a seguirles dando sólo subsidios?

- ¿Se sabe, por ejemplo, qué porcentaje del delito en el país responde al crimen organizado y qué porción a hechos al voleo?

GM: -Para mí, las crisis financieras siempre gravitan en el delito en nuestro país.

NQ: -No creo que en la época del "corralito" haya aumentado el delito; quizá creció el índice de violencia. El que no es ladrón se las ingenia en la pobreza, pero no roba.

GM: -Las desigualdades tienen mucho que ver. Lo que pasa en la Capital y el conurbano es el rebote de las malas políticas socioeconómicas locales y de Sudamérica. Esto es una realidad. Hay una mala decisión económica en Chaco y las familias se desplazan adonde puedan estar mejor. ¿Cómo hacemos para que ese grupo poblacional no viva como vive? Las condiciones de vida que había en las villas hace 15 años nada tienen que ver con lo que pasa ahora. El diagnóstico está. Hay que decidir qué hacemos.

NQ: -La gente dedica todo lo que tiene para educar a sus hijos. Antes tenía una buena escuela pública, una buena universidad. Ahora la escuela pública tiene deficiencias muy serias. Cada vez va a haber una diferencia más grande entre el que no tiene nada y el que tiene muy poco, lo que agudizará aún más la desigualdad. Esto es lo que está dejando este gobierno, que es nefasto. Además, todo lo hace con una carga de odio, agresividad y combatividad que no se condice con una política de Estado seria, que quiera arreglar las cosas.

-¿Qué medidas estratégicas tomarían para resolver la inseguridad?

NQ: -Es interminable la lista, porque en 30 años no se hizo nada.

GM: -Hay que comenzar urbanizando las villas y tener presencia estatal. A las villas y los barrios más humildes lo que primero que tiene que llegar es la luz, la calle, el agua potable; el último recurso que tiene que llegar al barrio es la policía. Debe sentir que el Estado se ocupa de él. Si primero llegás con una comisaría es sólo para tener un conflicto.

Pensar que la inseguridad ataca al tipo que tiene es una mentira. El que menos tiene es quien más la sufre. Además, habría que generar una presencia policial distinta.

AI: -Propondría una política nacional para urbanizar las villas. Fortalecería muchísimo los colegios. Las escuelas son un punto nodal en el barrio, como centro de reunión y socialización, y sirven para la instalación de determinadas políticas. El maestro debería tener un rol diferente, no como ahora, que es un maestro "ómnibus". Debería haber un proyecto amplio y tener mayor presupuesto para incluir a los trabajadores sociales y psicólogos en las escuelas. Otra medida importante son las reformas policiales. Tenemos una policía muy cuestionada e involucrada en delitos muy graves, como secuestros, tráfico de drogas y protección de las bocas de expendio de productos robados. Esta tiene, además, una estrecha relación con la política local, sobre todo en el conurbano. Hay que atacar ambas problemáticas de forma simultánea. Y frenar con urgencia los desarmaderos ilegales.

-¿El endurecimiento de las penas disuade a la delincuencia?

NQ: -En general, no. Puede ser en un caso excepcional. En realidad, las penas le deberían doler al delincuente, pero a veces nuestros jueces, en sus fallos, entienden "podrá" en vez de "deberá" y sueltan a los delincuentes.

GM: -Las penas tienen que ser efectivas. Si se pone como castigo un mes que se cumple o tres que no se cumplen, ¿cuál pena es más efectiva? Muchas veces no se cumplen porque no se agarra a nadie.

AI: -Todo depende de qué tipo de delincuente hablemos. Por ejemplo, estos pibes que aparecen involucrados en crímenes de reciente repercusión pública, les ponés la horca o la pena de muerte y van a delinquir igual.

-Entonces, ¿qué se debe hacer?

GM: -Hay que educar a la gente. Si invierto todo el esfuerzo en construir cárceles, estamos aceptando que tenemos enfermos terminales.

AI: -Además, tarde o temprano van a salir de la cárcel. Hoy en día, un chico sale de la cárcel peor que como entró. La respuesta al delito debe ser multidisciplinaria.

NQ: -Debemos usar a todo el Estado para luchar contra la inseguridad. Porque acá cuando se habla de inseguridad sólo se nombra a la policía y a los jueces, pero no a todo el Estado.

-¿Cómo se evita que niños y adolescentes ingresen en el mundo del delito?

AI: -Hay que armar planes para jóvenes. Por eso es fundamental la escuela, donde se pueden hacer actividades deportivas y culturales, entre otras.

GM: -Hay que trabajar y meterse. Por ejemplo, hay orquestas integradas por chicos que viven en las villas, que son una maravilla y no muchos saben que existen. Al verlas te das cuenta de que el tipo tuvo la opción y eligió. El gran problema es cuando vos, que sos el Estado, no les das la opción. Si sólo les das comida, no hay esperanza. Les tenés que dar un oficio, mostrarles que pueden encontrar una pasión, una alternativa.

NQ: -Hay que "jugar" mucho con los juegos y los castigos. La adolescencia es la edad justa para hacerlo.

AI: -Hay que atender a los pibes que aún no fueron castigados por la droga y que no están "pasados", que son muchos y se puede hacer algo por ellos.

-¿La crispación que exhibe la política tiene algún tipo de incidencia en los delitos?

AI: -No sé en el delito, pero incrementa la inseguridad, seguramente, con más violencia.

GM: -En algunos tipos de delitos sí la tiene, como en las lesiones.

NQ: -Esta política de crispación, que todo lo toma en son de guerra, hace que toda la sociedad reaccione crispada y muy duramente. Lo que puede ser una contestación educada se transforma en una contestación agria; una discusión en la calle se va a las manos. Y así sucesivamente.

GM: -Lo perverso del sistema es que acá los políticos intentan que al otro le vayan mal. No importa quien gane.

-¿Bajar la edad de imputabilidad penal es una solución?

AI: -No va a resolver nada. Va a llenar de pibes las comisarías y los institutos. Va a haber muchos chicos presos. Hay que trabajar en la asistencia social a las familias de esos chicos.

NQ: -Un tipo que sabe y tiene conciencia del daño que hizo debe tener una sanción. Que sepa que cuando se hace algo se tiene que pagar. Es muy duro, pero hay chicos que no les importa que los mates, para ellos ni su vida vale.

GM: -Hay que hacer un estudio serio sobre el tema. No es una solución del derecho penal, sí de un estudio antropológico y psicológico determinar cuándo el tipo entiende lo que hace. Y a partir de allí, decidir.

-¿Cuál es la perspectiva frente a la situación actual?

NQ: -Esto puede recrudecer. ¿Piensan que a un gobierno al que no le interesa la seguridad, que nunca debatió un proyecto, que jamás dio un discurso serio a la policía y que además hace pelear a las distintas policías [por la Federal y la Metropolitana) puede mejorar la seguridad? Es imposible.

GM: -Tarde o temprano nos vamos a tener que juntar para discutir cómo salimos, porque si no va a ser la gente la que nos lo imponga. Hay que ser descarnado y darse cuenta de que la única manera de salir adelante es crear una política de consenso para los próximos 20 años.

Los personajes

NORBERTO QUANTIN
Ex secretario de seguridad interior
* Profesión : abogado y criminólogo

* Doctorado en ciencias criminológicas en Madrid, fue docente de Derecho Penal en la UBA y fiscal de la Cámara en lo Criminal y Correccional porteña. Con la reforma judicial de 1995, se desempeñó en el Ministerio Público como fiscal general. Investigó todo tipo de delitos. Fue secretario de Seguridad Interior durante los primeros trece meses del gobierno de Néstor Kirchner


GUILLERMO MONTENEGRO
Ministro de Justicia y seguridad
* Profesión : abogado

* Fiscal durante 12 años, en octubre de 2004 el Consejo de la Magistratura lo nombró juez, a cargo del Juzgado Federal N° 7. Allí tuvo a su cargo el resonante caso Skanska, en el que investigó el pago de sobornos de esa empresa a funcionarios del gobierno de Néstor Kirchner. En 2007 renunció al Poder Judicial para sumarse al gobierno de Mauricio Macri en la ciudad, como ministro de Justicia y Seguridad.


ALEJANDRO ISLA
Investigador del Conicet y Flacso
* Profesión : antropólogo

* Doctorado en Antropología en la UBA, con una especialización en antropología política y violencia, es investigador de carrera del Conicet y dirige la maestría de Antropología Social en Flacso. Desde hace años es un estudioso de la violencia delictiva, las transformaciones sociales y la inseguridad en el Cono Sur. Publicó numerosas investigaciones sobre esas temáticas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

SEGURIDAD: RELEVAMIENTO DE PROYECTOS PRESENTADOS EN EL CONGRESO DE LA NACION, DURANTE EL 2009

El siguiente es un relevamiento que realizó "Mejor Seguridad" para tomar conocimiento de los proyectos de LEY que presentaron los Legisladores durante el año 2009 referidos a LA SEGURIDAD.

Todos en el discurso hablan de la necesidad de plantear una "Solución Integral" a la problemática actual, pero no se presentaron proyectos que sostengan el mismo principio.

El mismo se realizó en los siguientes estamentos
* ANEXO CÁMARA DE DIPUTADOS
* ANEXO CÁMARA DE SENADORES

Proyectos presentados concernientes a la Seguridad en la CÁMARA DE SENADORES en relación al total.

TOTAL DE PROYECTOS PRESENTADOS: 32 (TREINTA Y DOS)

Proyectos presentados concernientes a la seguridad en la CÁMARA DE DIPUTADOS en relación al total.


TOTAL DE PROYECTOS PRESENTADOS: 55 (CINCUENTA Y CINCO)

COROLARIO

Es importante el seguimiento ciudadano a los poderes del estado para que estos cambien las prioridades de su agenda. Este relevamiento demuestra el divorcio de la agenda legislativa con la principal preocupación de los argentinos.

En los discursos sobre la seguridad ciudadana todos coinciden que la solución debe ser integral, pero en el relevamiento efectuado por nosotros no existen proyectos de ley que planteen este principio de solución.

Cada vez que hubo una escalada pública del tema de la seguridad, por algún hecho que cobró resonancia mediática, se presentaron proyectos que modifican al Código Penal, pero no hay proyectos referidos a las fuerzas de seguridad, a la infraestructura penitenciaria, a la eficiencia del poder judicial o a tantos otros temas que están directamente relacionados con la seguridad.


FUENTES:

www.senado.gov.ar
(El relevamiento fue efectuado a través de la lectura de la mesa de entradas de la Cámara Alta los y el estado de parlamentario de cada iniciativa se busco en la misma página de Internet. Solo tuvimos en consideración los proyectos de ley.)

www.diputados.gov.ar
(El relevamiento fue efectuado a través de la lectura de los Tramites Parlamentario 001 al 171. y el estado de parlamentario de cada iniciativa se busco en la misma página de Internet. Solo tuvimos en consideración los proyectos de ley.)