Foros Vecinales de Seguridad del Partido de Tigre, Pcia. de Buenos Aires
(Según Ley 12.154 del Sistema de Seguridad Pública de la Provincia de Buenos Aires)
El Talar | Ciudad de Tigre | Gral Pacheco | Don Torcuato | Benavidez | Alte. Brown | Ricardo Rojas


viernes, 6 de noviembre de 2009

Policías en Acción

LA NACION | Viernes 6 de noviembre de 2009 | Publicado en edición impresa
por Marcelo Fabián Saín



En la Argentina, el trabajo policial es uno de los más precarizados en cuanto a las condiciones simbólicas y materiales de sus trabajadores, es decir, los policías. Muy pocos oficios tienen como singularidad la posibilidad cierta y tangible de que el trabajador muera o resulte lesionado durante su desempeño laboral. Esta posibilidad fatal no está presente en todas las actividades o especialidades policiales, ni lo está todo el tiempo, pero sí es habitual en algunas tareas específicas de alto riesgo. Lo cierto es que esa potencialidad, aun limitada, convierte el oficio policial en una labor extraordinaria.

Además, el policía operativo está todo el tiempo en contacto directo o indirecto con situaciones de violencia extrema, violaciones, asesinatos, accidentes fatales, riñas, mutilaciones y todo tipo de miserias y ultrajes. Convive y se relaciona como ningún otro actor social o institucional con asesinos, embusteros, traficantes, golpeadores, violadores, explotadores, corruptos y maleantes.

A ello se añaden cuatro condiciones de precariedad laboral que no son compartidas, en su conjunto, por ningún otro sector de la administración pública:

1) Los policías tienen salarios nominales y reales muy bajos, insuficientes para mantener mínimamente a sus familias sin necesidad de recurrir al doble empleo mediante la prestación de servicios policiales adicionales, de seguridad privada o cualquier otra changa, generalmente desarrollada "en negro". Asimismo, en estas labores paralelas, los salarios también son bajos. Ello hace que un policía difícilmente pueda dedicarse a su oficio de manera integral o a tiempo completo.

2) Trabajan en condiciones materiales e infraestructurales altamente deterioradas. El deterioro edilicio de las dependencias policiales, así como la falta de planificación y desarrollo logístico adecuado al trabajo policial, constituyen deficiencias tangibles. A ello se añade la insuficiente flota de vehículos y móviles policiales, y el atraso tecnológico en el sistema de comunicaciones. Algo análogo ocurre con los sistemas técnico-operacionales, el armamento y el equipamiento de investigación utilizados por nuestras policías: en general, resultan exiguos, vetustos o inadecuados. En definitiva, se trata de un ambiente material que irremediablemente deteriora las condiciones de trabajo policial.

3) Reciben una educación profesional deficiente, enmarcada en una institucionalidad militarizada y articulada básicamente en torno del entrenamiento disciplinario de orden cerrado, en el que lo único que vale es la sumisión ciega al superior en desmedro del discernimiento responsable. Marchar marcialmente, taconear, hacer la venia y cuadrarse constituyen gestos que son objeto de un trabajoso entrenamiento, pero no se pone el mismo énfasis en la formación de conocimientos y destrezas prácticas, ni en la adquisición de competencias profesionales que sirvan de base para los ascensos jerárquicos o la ocupación de cargos orgánicos. Y su educación formal, casi siempre episódica y escasa, tiene poco que ver con las prácticas y los valores concretos que se reproducen en las unidades policiales en las que transcurre el grueso de sus vidas laborales.

4) No están agremiados en sindicatos o asociaciones abocadas a la defensa de sus derechos profesionales. Tampoco cuentan con un defensor ( ombudsman ) o promotor dentro de la institución. Sus derechos no son cotejados por los organismos de derechos humanos y los sectores progresistas, que observan a las instituciones policiales como organizaciones mafiosas, represivas y corruptas. Para ellos, no vale escudriñar sobre las condiciones estructurales que favorecen las prácticas abusivas o deshonestas ni las violaciones a los derechos o la explotación laboral a que son sometidos la gran mayoría de los policías. Nadie, absolutamente nadie, parece entender que un policía cuyas libertades y derechos han sido pisoteados durante décadas difícilmente se convertirá en un servidor público abocado a preservar las libertades ciudadanas y a proteger los derechos de las personas.

Estas condiciones de precariedad laboral han sido exitosamente ocultadas por actores que se esfuerzan en impedir la visibilidad de estos asuntos. En primer lugar, el comisariato, garante de que las instituciones policiales sobrevivan aun estando colapsadas. Estas instituciones cuentan con un presupuesto masivamente destinado a pagar los magros sueldos de uniformados mayoritariamente abocados a labores administrativas y de apoyo, ajenas al control del delito. Sólo una parte exigua de la dotación de personal se dedica al desarrollo de labores operativas de prevención e investigación del delito. A cambio de gestionar este caos organizacional, el comisariato, salvo contadas excepciones, obtiene una masa de ingresos propios de gerentes de empresas transnacionales, autonomía operacional y poder político.

En segundo término, la clase política argentina, que ha delegado de manera recurrente el gobierno de la seguridad pública -un derecho de la ciudadanía y un deber de sus gobernantes- en el comisariato, y ha permitido ocultar la precariedad laboral de los policías. Así, los gobernantes -de derecha, de centro o de izquierda, sin distinción- no gobiernan la seguridad; los legisladores, nacionales y provinciales, miran para otro lado, por lo que perpetúan perversamente las bases legales y presupuestarias de este sistema institucional, que data de décadas, y los partidos políticos se convierten en maquinarias expertas en desconocer este problema y en sacarlo de la agenda política.

Y, finalmente, está la academia progresista, que es naturalmente proclive a interpretar y explicar, a través de sofisticados relatos sociológicos, por qué y cómo un niño se convierte en "pibe chorro", pero tiene una dificultad ontológica para abordar con esa misma destreza conceptual y teórica por qué y cómo un joven policía honesto se convierte, al tiempo, en un policía abusador, violento o corrupto. El "pibe chorro" es el resultado casi inevitable de la marginalidad social. Eso es cierto. Pero para el progresismo académico ese enfoque no sirve para dar cuenta de la violencia ilegal y de la corrupción regulatoria del delito como práctica ampliamente extendida en las instituciones policiales. Estos fenómenos no parecen ser emergentes de la pronunciada descomposición y pobreza institucional de las policías, de la precarización laboral de sus trabajadores de gorra y de la perversa ausencia de conducción política, sino que son resultado de una maldad congénita, que es natural en todo policía y que sólo algunos consiguen contener, casi por arte de magia.

Mientras tanto, el trabajo policial sigue siendo el más precarizado de la administración pública argentina.

El autor fue hasta hace pocos días interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria.

martes, 20 de octubre de 2009

Sociedad, pobres y parias organizados

El instrumento de la marginalidad y la negación del crimen organizado en el Conurbano.

En contraposición al discurso sostenido de los candidatos opositores en campaña que enarbolan el problema de la inseguridad para coptar votos, se encuentra cierto sector del oficialismo con su abrumadora minimización del tema.

No obstante, las partes coinciden en atribuir la mucha o poca inseguridad a una sola situación. De éste modo, hablan de la inequidad en la distribución del ingreso, los bajos sueldos, la falta de empleo y en gran medida, la pobreza. Entonces, al limitar el problema, lo banalizan. Se construye un reduccionismo que se instala en una sociedad desconcertada y a la deriva.

La sociedada argentina, desbordada de promesas y noticias de progreso cuando en realidad, al recorrer las calles, el paisaje está plagado de parias. Parias, que no solo son pobres. Individuos al acecho dispuestos a todo para obtener aquello que no poseen y aún más. Que buscan salir del simple bandolerismo o pillaje para convertirse en profesionales del crimen organizado, dado que poseen herramientas, contactos y todo un bagaje de conocimiento que los avala. Parias mentales por la vía que utilizan para posicionarse. Perversos estrategas.

No son como los pobres ya sumidos en el pauperismo que adolecen de educación y posibles ambiciones que no sean más que la de tener un plato de comida en la mesa. De estos últimos, se aprovecha el gobierno de turno. Escudándose en ellos para tapar la peligrosidad de los primeros. Lo cual demuestra el desconocimiento en las formas de combatirlos. A pesar, claro está, de los proyectos y los planes supuestamente en marcha.

Por lo tanto, la marginalidad se presenta como el instrumento argumentativo más utilizado para justificar el caos al que asiste la Provincia de Buenos Aires.

Pues así lo revela el Ex-ministro de Seguridad de la Provincia, Doctor León Arslanian en una nota concedida a la Revista La Tecla del 8 de marzo de 2008, número 196. Allí textualmente dice: “Creo que en la Provincia el diagnóstico es claro. Hay una situación de marginalidad y de exclusión social que gravita seriamente sobre el problema de la inseguridad.”

Se infiere que para él, inseguridad y pobreza conforman una dialéctica: Hay inseguridad porque existen pobres y hay pobres porque hay inseguridad. Alude a que todas las variables económicas funcionan correctamente. En sus términos “magníficamente.”

No obstante declara: “Ni el derrame, ni las políticas asistenciales, ni la mejor distribución del PBI resuelven el tema de la exclusión, que es profundamente cultural.”

Conceptos refutables aunque muy bien manejados para penetrar en la conciencia colectiva. Porque si algo no se le puede negar al Ministro, es la astucia de su razón. Una razón que la acomoda conforme al momento y al estado de situación que se vive en ese instante. Cuando le convino importar el lejano fenómeno de las maras al país lo hizo.

En cambio, ahora que el estado embrionario de maras es visible en Argentina, lo niega y establece por una cuestión de deducción que la inseguridad es un problema cultural. Es decir, si la exclusión social es un problema cultural, por ende, la inseguridad que producen los pobres, es cultural. Los marginados representan en el imaginario de Arslanian la verdadera causa de la inseguridad bonaerense y por qué no, nacional. Una culturización extraña pero recurrente en su retórica.

De un tiempo a esta parte la inseguridad se volvió funcional a la oposición y la pobreza funcional a la justificación de esa inseguridad. Ni unos ni otros profundizan con rigor. Como si existiese en el interior de cada uno de ellos una fuerte resistencia a descubrir la génesis del problema para sacar a la sociedad de la opacidad en la que se encuentra sumida.

Internas absurdas, y discusiones insubstanciales crean un espacio propicio para que el estado potencial de maras que flota sobre Argentina se concrete. Estado que parece concentrarse en la Provincia de Buenos y en el norte del país. Razón por la cual, si se continúa por el camino de la negación y la indiferencia de quienes están a cargo, la concreción será inmediata. Ningún tema se puede subestimar. El de las maras es uno de ellos.

La inseguridad no es un problema de izquierda o derecha. Simplemente, es un problema. Y como tal, debe ser abordado con inteligencia y astucia. Arslanian posee todos estos condimentos. Además de una fuerte capacidad de trabajo. Sin embargo, en sus declaraciones, es como si olvidase su razón y en lugar de informar sobre el verdadero trasfondo que nos cobija desinforma trocando los hechos. Acomodándolos a favor del Gobierno Provincial. Aquel que ha mostrado varias y comprometidas imprecisiones por negar concientemente la vigencia del terrorismo del narco en la zona.

En síntesis, hay un panorama atroz de violencia e inseguridad producto de la emergencia del crimen organizado en el Conurbano. Pero también, existe otro paisaje. El light. El que solo se encuentra, en el imaginario propuesto e instalado por Arslanian.

lunes, 19 de octubre de 2009

Hallaron el arma homicida

El arma con la que habria sido asesinado Santiago Urbani, ocurrido en su casa, fue encontrada hoy por la Policía de Gral. Pacheco, enterrada en la localidad bonaerense de Garín, partido de Escobar, informaron fuentes policiales.

Los voceros dijeron que el arma estaba enterrada en un predio situado frente al domicilio donde vive el último de los detenidos por el caso, un adolescente de 17 años. El muchacho fue arrestado en los últimos días y su madre habría colaborado con la detención.

En el caso ya había un detenido, Walter Gálvez, de 34 años, quien se declaró inocente ante el fiscal de Tigre Cosme Iribarren.

El intendente de Tigre, Sergio Massa, abogó por la detención de los responsables del crimen y reclamó que "se pudran en la cárcel".

sábado, 17 de octubre de 2009

Hay un nuevo detenido por el crimen de Santiago

Esta mañana un joven quedó detenido en el marco de la causa que investiga el crimen de Santiago Urbani en el partido bonaerense de Tigre.

Durante una serie de allanamientos a cargo de la seccional segunda y de la Delegación Departamental de Investigaciones de Tigre se produjo el arresto.

En estas horas la Justicia determinará si el apresado es el autor material del homicidio ocurrido el sábado pasado cuando la víctima intentó resistir a un asalto.

jueves, 15 de octubre de 2009

Pedido Urgente de la Familia Urbani

Mediante un mail circulando en la web, en respuesta a la convocatoria de algunos oportunistas del dolor, familiares y amigos de Santiago Urbani piden a los vecinos no "politizar" el dolor por el que esta pasando la comunidad de Tigre.


Estimados vecinos y compañeros de Tigre:

Con respecto a las cadenas de mail que están circulando sobre una marcha a realizarse el viernes 16/10 frente a la Municipalidad de Tigre, en nombre de TODOS los amigos de Santi y su FAMILIA, queremos pedirle por favor que interrumpa la circulación de la cadena y que eviten asistir a la convocatoria. Este ha sido el pedido expreso de la AMILIA URBANI, respetado y avalado por sus amigos más cercanos y personas más allegadas.

Creemos que no es el momento, el modo ni el lugar de pedir justicia y recordar a nuestro querido amigo. Ya hemos hecho lo que consideramos justo y apropiado para pedir por Santi. Necesitamos resguardarnos, estar solos, y realizar cada uno de nosotros nuestro propio duelo.

En cuanto la FAMILIA crea conveniente realizar una nueva marcha, estaremos allí presentes acompañando como desde el primer día, siempre con paz, tranquilidad, sin generar disturbios ni politizar nuestro justo reclamo.

Espero entienda nuestra posición, que repito es la de LA FAMILIA URBANI, y la respete.

Saludos cordiales.

Familia y amigos de Santiago Urbani.